Me resistía a mencionar la financiación de la investigación biomédica en relación con las elecciones que vienen. Y es que la mayoría de los partidos la arrinconan en sus programas electorales.
Pero el artículo de El País sobre los políticos prometen lo imposible me hace imposible no reaccionar.
En la actualidad, apenas se dedica un 1,2% de nuestro PIB a financiar la ciencia. Y para llegar a este porcentaje desde los 0,8% que teníamos históricamente, se ha necesitado una década. Y esto a pesar de que en ocasiones he escuchado decir que, por cada euro invertido en ciencia, se obtienen aproximadamente tres euros en retorno.
Así las cosas, la mayoría de partidos, con el escenario electoral delante, se apresuran a lanzar promesas. Existe el consenso generalizado de comprometerse a dedicar un 2% del PIB a la investigación, una cifra que contrasta con lo invertido hasta la fecha, y que por tanto, hace disparar las alarmas.
¿Cómo lo piensan hacer? ¿No será un brindis al sol? ¿Cómo es posible que, incluso cuando la cartera de ciencia la ostenta un científico, cuesta desbloquear los millones necesarios para que la investigación no se pare?
Se hace necesario que, como sociedad, valoremos la investigación como fuente de empleos y riqueza cualificados, como forma de dar solución a la mayoría de problemas a los que nos enfrentamos (desde enfermedades a cambio climático), como ámbito que nos hace mejores y más inteligentes. Y que por tanto, hagamos que nuestros representantes se comprometan en el día a día con la financiación de la investigación, y no lancen cantidades al azar que, posteriormente, no se puedan complir. Evidentemente, espero equivocarme.
Pero el artículo de El País sobre los políticos prometen lo imposible me hace imposible no reaccionar.
En la actualidad, apenas se dedica un 1,2% de nuestro PIB a financiar la ciencia. Y para llegar a este porcentaje desde los 0,8% que teníamos históricamente, se ha necesitado una década. Y esto a pesar de que en ocasiones he escuchado decir que, por cada euro invertido en ciencia, se obtienen aproximadamente tres euros en retorno.
Luis Serrano, director del CRG y presidente de SOMMA, la alianza de centros de investigación más competitivos, da el ejemplo de Amazon: una sola empresa invierte anualmente en I+D más del triple que el gobierno español.
Así las cosas, la mayoría de partidos, con el escenario electoral delante, se apresuran a lanzar promesas. Existe el consenso generalizado de comprometerse a dedicar un 2% del PIB a la investigación, una cifra que contrasta con lo invertido hasta la fecha, y que por tanto, hace disparar las alarmas.
¿Cómo lo piensan hacer? ¿No será un brindis al sol? ¿Cómo es posible que, incluso cuando la cartera de ciencia la ostenta un científico, cuesta desbloquear los millones necesarios para que la investigación no se pare?
Se hace necesario que, como sociedad, valoremos la investigación como fuente de empleos y riqueza cualificados, como forma de dar solución a la mayoría de problemas a los que nos enfrentamos (desde enfermedades a cambio climático), como ámbito que nos hace mejores y más inteligentes. Y que por tanto, hagamos que nuestros representantes se comprometan en el día a día con la financiación de la investigación, y no lancen cantidades al azar que, posteriormente, no se puedan complir. Evidentemente, espero equivocarme.

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